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Por David del Toro

Durante años, el debate político y económico en España ha repetido un mantra que sonaba lógico e indiscutible: si queremos que el Estado recaude más dinero y que el sistema sea más justo, la solución rápida es subirle el IRPF a los que más ganan. Suena bien en un titular, pero cuando pasamos la lupa de los datos reales, la historia es completamente distinta.

Un exhaustivo estudio de Fedea, que ha analizado las tripas de más de 21 millones de declaraciones de la renta, ha puesto números a esta teoría. Y el veredicto es un baño de realidad: subir los impuestos en los tramos más altos es una herramienta torpe, ineficaz y que apenas logra los objetivos que promete.

La matemática que no cuadra: ¿Dónde está realmente el dinero?

El primer gran choque de realidad que nos da el estudio es de volumen. Tendemos a pensar que un pequeño «apretón» fiscal a los sueldos más altos inundará las arcas públicas. Los datos dicen lo contrario.

El sistema fiscal español es tremendamente rígido (o «inelástico», en jerga económica). Si el Gobierno decide subir un 10% el tipo marginal de un impuesto, la recaudación real total apenas subirá entre un 1% y un 3%. Y aquí viene el dato más revelador: tocar el tramo más bajo del IRPF recauda el doble que subir el impuesto a las rentas superiores a 60.000 euros. Matemáticamente, el volumen de recaudación está en la clase media y trabajadora, no en la cúspide de la pirámide.

El factor humano: La gente reacciona

El error de muchos políticos es hacer cálculos asumiendo que los contribuyentes se quedarán de brazos cruzados esperando a pagar más. Pero la economía real no funciona así.

El estudio demuestra que cuando se aprieta fiscalmente a las rentas altas, estas cambian su comportamiento. Utilizan herramientas de planificación fiscal, ajustan sus inversiones o, simplemente, deciden que no les compensa trabajar o producir más si el Estado se va a quedar con la mayor parte del beneficio extra. ¿El resultado? La cantidad de dinero que estas personas declaran (la base imponible) se reduce casi un 2,6%. Es decir, el Estado sube el porcentaje a cobrar, pero el pastel a repartir se hace más pequeño.

La ilusión de la justicia social

Se suele defender esta subida de impuestos argumentando que hace el sistema más «progresivo» (que quien tiene más, pague proporcionalmente más). Sin embargo, el análisis empírico nos muestra que esto es, en gran medida, un espejismo.

Cuando los impuestos altos provocan que las rentas altas declaren menos ingresos, el sistema parece estadísticamente más progresivo. Pero no nos engañemos: no es porque el Estado esté logrando una gran redistribución de la riqueza, sino simplemente porque los ricos han ajustado su dinero para tributar menos.

Conclusión: La ignorancia fiscal es el mejor aliado del populismo

Llegados a este punto, hay que hablar claro, ser realistas y dejar la corrección política a un lado: ya está bien de engañar a todo el mundo. Llevamos siglos escuchando el mismo discurso que nos vende que los problemas de financiación del Estado se solucionan, por arte de magia, «subiendo los impuestos a los ricos». Es un eslogan perfecto, fácil de comprar y muy rentable para ganar votos, pero, como demuestran los datos fríos y objetivos del estudio de Fedea, es una absoluta mentira matemática.

El verdadero problema de fondo —y la razón por la que este engaño sigue funcionando año tras año— es la profunda analfabetización fiscal de la sociedad. Si todos tuviéramos una base mínima de educación financiera, estos discursos se desmontarían en cinco minutos y veríamos con total claridad lo que dicta la pura lógica:

  • El volumen manda: Las rentas muy altas son estadísticamente tan pocas que, aunque el Estado les confiscase el 100% de su sueldo, la recaudación extra apenas daría para cubrir unos días del inmenso gasto público.
  • El dinero es libre e inteligente: Si asfixias fiscalmente a quien genera riqueza o a los perfiles altamente cualificados, simplemente cambiarán su comportamiento. Trabajarán menos horas, usarán mecanismos legales de planificación fiscal, o directamente se llevarán su talento y su capital a otro lado. Es acción y reacción. y ejemplos todos los que quieras leer.
  • La carga real: La matemática no entiende de ideologías. Nos guste o no, la realidad objetiva es que el grueso de la recaudación del Estado —esa que mantiene los servicios públicos— siempre la ha pagado, la paga y la pagará la clase media y trabajadora, simplemente porque es donde está el volumen masivo de contribuyentes.

Mantener a la sociedad en la ignorancia sobre cómo funcionan realmente los impuestos (qué es un tipo marginal, qué es un tipo efectivo o qué es la elasticidad recaudatoria) es la herramienta más eficaz para que nos sigan vendiendo medidas cosméticas, inútiles y simbólicas como si fueran grandes actos de justicia social.

El día que la sociedad entienda los números y la lógica económica que hay detrás de su propia nómina, dejará de comprar cuentos. Y ese día, a los políticos no les quedará más remedio que empezar a gestionar de verdad.

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